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¿Qué relación tiene la microbiota intestinal con la obesidad? - Kilosout

5 agosto, 2021por Nela
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Si te has preguntado por qué no logras bajar de peso a pesar de poner todo tu empeño en ello, quizá deberías centrar tus esfuerzos en mejorar la microbiota intestinal. 

Existen muchas investigaciones que relacionan la calidad –y también la cantidad– de la microbiota intestinal con la facilidad para ganar peso. Estudios científicos confirman que la falta de bacterias «buenas» (bacteroidetes) en nuestro intestino, puede hacer que no bajemos de peso incluso con una dieta baja en calorías. Se ha comprobado que las personas con sobrepeso tienen una composición bacteriana diferente a la de las personas con un peso normal: más cantidad de bacterias dañinas (firmicutes) que beneficiosas (la relación firmicutes/bacteroidetes está alterada).

La composición de esta flora cada vez está mas clara la conexión que hay con la alimentación que llevamos. Cuando comemos mal (demasiados productos procesados, envasados o manipulados industrialmente, pocas verduras y frutas frescas, muchos azúcares…) nuestra microbiota se altera (las bacterias buenas van disminuyendo y las malas se adueñan del intestino). Además, cuando la flora ya está alterada, resulta más complicado comer bien porque se producen situaciones que nos lo ponen más difícil: ansiedad por la comida, dificultad para diferenciar hambre real de los antojos, mayor apetencia por el dulce…

Aunque parezca mentira, dependiendo de lo que más abunde en tu alimentación estarás alimentando la flora buena o la flora mala. Algunos consejos para mantener a tus bacterias buenas fuertes:

  • Toma más fibra saludable. Nosotros no podemos digerir la fibra (se desplaza sin digerir por todo el tracto digestivo), pero nuestras bacterias sí. Le sirven de alimento y las mantienen en equilibrio.
  • Consume azúcar y grasa de forma ocasional, nunca diaria
  • Menos azúcar, grasas y carnes procesadas. Que hoy en día tomamos demasiadas grasas saturadas y trans, carnes rojas y azúcares. Y eso es justamente lo que alimenta las bacterias malas.
  • Realizar ejercicios de resistencia  mejora nuestra microbiota intestinal.
  • Tomar demasiada sal disminuye los lactobacilos, una de las familias más beneficiosas. No se conoce bien cómo se produce esa destrucción, pero sí sus consecuencias: una baja protección de todo el organismo. Los expertos sospechan que hay otras bacterias también afectadas por el exceso de sal, así que modérate al usarla. Recuerda: no superes los 2-3mg de sodio al día.
  • Incluye alimentos PROBIÓTICOS en tu dieta diaria como son los lácteos fermentados (yogur, kéfir…), pero también son probióticos todos los fermentados, como las aceitunas, el chucrut (col fermentada), el miso (soja fermentada) o el kombucha (bebida fermentada a base de té).
    Incluye hortalizas o vegetales en cada comida. Al estar fermentados, son ricos en microorganismos «vivos», sobre todo de las familias de los lactobacilos y bi dobacterias que, en cantidades adecuadas, producen efectos beneficiosos para la salud. Si los tomas con frecuencia, puede mejorar tu digestión, haber una comunicación más efectiva entre cerebro e intestino e, incluso, frenar la tendencia a engordar.
  • Incluye alimentos PREBIÓTICOS que están presentes de forma natural en verduras (ajo, cebolla, puerros, espárragos, alcachofas, zanahorias…), en frutas (tomates, plátanos, ciruelas, manzanas), en cereales integrales, en legumbres y en frutos secos y semillas.
    Los prebióticos son compuestos no digeribles, por lo que no pueden ser atacados por los enzimas del estómago ni del intestino delgado y llegan a nuestro intestino grueso sin degradarse. Y es aquí donde estos compuestos «se dejan comer» (son fermentados) por las bacterias. Esa fermentación produce energía, nutrientes y ciertas sustancias buenas (como el ácido butírico) que disminuyen el pH del colon, lo que hace más difícil que proliferen las bacterias malas.

Existen también factores externos, que van debilitando nuestra flora saludable, algunos inevitables como la toma de medicamentos –con el correspondiente control médico– pero necesarios; pero recurrir a ellos con demasiada frecuencia modifica nuestro equilibrio intestinal. Los tratamientos con antibióticos altera la microbiota intestinal.  Según sus estudios, bastan 11 días de tratamiento para deteriorar de manera importante esa «fauna» bacteriana que forma parte de nosotros. Pero lo bueno es que nada más terminar el tratamiento, el cuerpo tiende a restaurar su microbiota original.

Otros factores que nos influyen de forma negativa, como el estrés/nervios, de hecho el estrés crónico propicia la obesidad, la ansiedad y la depresión; También diferentes estudios han confirmado que el paso del tiempo contribuye a empeorar nuestra microbiota y tenemos mayor tendencia a la inflamación. De ahí la importancia de la alimentación rica en probióticos y prebióticos; hacer ejercicio a diario, y cuidar las relaciones sociales donde cualquier celebración nos aporta felicidad; pero hacerlo con gente positiva y alimentos buenos hace que ese bienestar sea mucho más duradero.

 

 

por Nela

Directora Ejecutiva de Kilosout.